quarta-feira, 27 de maio de 2009

¡PERDÓN!

¡Perdóname! Rogaste arrodillado,
Pero yo no perdono, sólo olvido,
Por que si no hay poder, no habrá sentido
En el perdón que tú me has implorado.

Ni capo soy, señor o apoderado,
No depende de mí que seas punido
¿Y qué diablos llorarle arrepentido
A aquel que nunca azota al condenado?

Rogarle a Dios, por cierto es apropiado,
Ya mi perdón darías como perdido.
Si hacerte mal, de veras, no he podido
Tampoco, de verdad, te he perdonado.

¡Te perdono! Lloraste subyugado
Ante el rival a quien te habías rendido
Y cuanto más te tuvo sometido,
Más su perdón pudiera haberte dado

Y aunque estuvieras siempre dominado,
Desde tu suelo prometías olvido,
Pero si no hay poder, no habrá sentido
En el perdón que le hayas obsequiado.

Pues cuando entero te hayan conquistado
Y por no herirte hayan decidido,
Es que el perdón se mostrará ofrecido,
Si no por Él, por quien te ha superado.