terça-feira, 23 de abril de 2013

¿QUÉ PASA? EL MARXISMO CULTURAL - I



Cuando en el ochenta y nueve
de la década noventa
por fin la gente revienta
aquel muro de Berlín,
se gritó ha llegado al fin
el mando del comunismo.
¡Triunfó el capitalismo,
que suene fuerte el clarín!

Pero allá en el camarín,
donde la verdad se muestra,
una realidad siniestra,
maquinada mucho antes,
abandonara los guantes
por otro procedimiento,
menos brutal y más lento,
con astucia y sin levantes.

Siguieron muy operantes
utilizando otra vía
porque la tal guerra fría
no les traía ventaja,
se vistieron la mortaja
para esconder la viveza
y por bajo de la mesa
repartieron la baraja.

Por eso es que se encoraja,
se apoya, se reproduce,
se costea y se conduce
toda la forma de acción
que tenga como función
derrumbar los tres pilares,
que sostienen, seculares,
nuestra civilización.

La tarea es destrucción
de occidentales valores,
culpándolos de opresores
de la libertad humana:
La fe judaico-cristiana,
la griega filosofía,
y el derecho que venia
de nuestra herencia romana.

Antes de abrir la ventana
para clarear el ambiente,
es necesario y urgente
dar alguna explicación
del cambio y la solución,
cuando la cuenta se dieron
que martillo y hoz no fueron
a hacer más revolución.

En la ortodoxa visión
del profético marxismo
el modo que el comunismo
tenía para triunfar,
era el obrero luchar
para tomar el poder
con matanza por doquier
y así el gobierno ocupar.

No es necesario indicar
quienes usaron la muerte,
cambiando la propia suerte,
en nombre del proletario,
un cómplice temporario
que atrapado en la ilusión
sacrificó el corazón
al altar de un dios sicario.

El dios revolucionario,
engañador de la gente,
domina el alma y la mente
con su canto de sirena.
Si victorioso condena
hasta el que ofertó su vida,
pensando encontrar guarida
en el cubil de la hiena.

Según, Marx, lo que envenena
la conciencia proletaria,
haciéndola refractaria
a una pronta rebelión,
es la arcaica religión
con su doctrinario impropio,
del pueblo no es más que el opio,
hay que obrar por su extinción.

Marx pregonaba la unión,
de todos los proletarios,
de la ciudad, los agrarios,
contra el mal capitalista.
Soñaba nuestro analista,
con los obreros de Europa
unidos todos en  tropa
bajo un comando utopista.

El cuento de ese cuentista
no se dio como predicho,
porque se esfumó el capricho
de fantasiosa aventura.
Proletaria dictadura
no hubo, pero en la Guerra
los obreros, por su tierra,
se mataron con bravura.

En continuada locura,
Marx se puso a preguntar,
¿Cómo pudo un peón luchar
con otro por su patrón?
¡Clavado! La religión
es el factor cultural
que sirve de antemural
para que no haya la unión.

Siguió la elaboración
del marxista pensamiento,
recobrando nuevo aliento
con dos rojos pensadores:
Gramsci y Lukács, hacedores
de todo ese mecanismo
que hoy rige el comunismo
en su manera de actuar,
un camaleón a cambiar
según el oportunismo.

(sigue en otra oportunidad) 

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