quinta-feira, 9 de maio de 2013

CONFESIÓN TARDÍA


Te busco y huyo, y voy evaneciendo,
Porque te busco, pienso: Te he encontrado.
Te persigo,  nada reteniendo,
Quiero conquistarte sin ser conquistado.

Aunque no sepa por qué me detengo
En darme a Ti, por Ti ser conducido,
Y de dormir pensando: me mantengo,
Despierto veo que soy mantenido.

Cierto es decir que todo lo que tengo
Nunca lo tuve, nunca lo he tenido,
Me lo has prestado  desde donde vengo,
Y a justa cuenta llegaré vencido.

¿Y en esa noche negaré tres veces
No devolverte lo que te es debido?
¿O arrodillado rogaré con preces
Por este pseudo-templo corrompido?

¿Te pediré con aires de mendigo
Que insufles, por limosna, nuevo aliento
Al polvo,  jurando que bendigo
Lo que he dejado llevarse por el viento?

¿Cómo será de náufrago mi suerte
Cuando escuche el doblar de la campana
Y sea arrimado a orillas de la muerte
 Por la fatal marea cortesana?

Al escuchar del mar extremo arrullo,
¿Comprenderé por fin que todo es paja?
¿O intentaré gritar con un murmullo
Que no estoy pronto para la mortaja?

Que aún no he terminado mi tarea,
Siquiera aún la puedo divisar,
Porque, falto de luz,  no me clarea
Un fuego que no pasa de un chispar.

Ah, la vida tan dichosa de mi cuerpo,
Engaño de un vivir tan desdichado,
Vivía — en realidad ya estaba muerto —
Gritando: ¡Que me quiten lo bailado!

Y ahora que se encierra la función,
Clamar, cobardemente arrepentido,
¡Perdón, piedad, Señor, ten compasión!
Es ruego a la verdad de haber mentido.

Pues no te amé como debía amarte,
Nunca ayuné, ni quise penitencias,
Tu viva gloria la mantuve aparte,
Centrándome y ansiando consecuencias.

Tampoco recé yo con voluntad
—Tartamudeé la reza que enseñaste—,
Quise ser libre sin hallar verdad,
Y peco al acusar que me olvidaste.

Ese soy yo, Dios mío, puro barro.
Al barro ha de volver mi cuerpo tuyo,
Si mi alma no se salva en el desgarro,
Mi ser no ha de servir ni para yuyo.

Te busco y huyo, y voy evaneciendo,
Porque te busco, pienso: Te he encontrado,
Te persigo,  nada reteniendo,
Quiero conquistarte sin ser conquistado.

Aunque no sepa por qué me  mantienes,
Le digo al mundo que sé muchas cosas,
Pero en verdad son tuyos esos bienes
Que intento valorar entre mis prosas.

De mis pecados no sé la medida,
Y si he sanado alguno conocido,
Estoy seguro que en tan corta vida
Sobrarán miles que nunca he sabido.

Y todos ellos sembrados en mi huerta,
Que mi intemperie mantuvo en hibernada,
Vienen al fin golpeándome la puerta,
Cobrándome las deudas olvidadas,

Ya quise perdonarme cierta vez,
Como si fuera Tú, vil pretensión
De una lombriz que a la boca del pez
Pudiera argumentar cualquier razón

Si algún bien hice es crédito en tu cuenta,
Lo que dejé de hacer: débito mío,
El mal que provoqué no se me ausenta,
Sigue presente en el pesar tardío.

¿Cómo he podido yo, razón criada,
No someter mi juicio y voluntad,
Ante la fe mil veces ofertada,
Y rechazar mi propia libertad?

Nada me debes, yo todo Te debo,
En su deber el cuerpo se prosterna,
Mi alma se desvela y yo concebo:
¡Solo Tu Gracia hará mi vida eterna!

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