Te
busco y huyo, y voy evaneciendo,
Porque
te busco, pienso: Te he encontrado.
Te
persigo, nada reteniendo,
Quiero
conquistarte sin ser conquistado.
Aunque
no sepa por qué me detengo
En darme
a Ti, por Ti ser conducido,
Y de
dormir pensando: me mantengo,
Despierto
veo que soy mantenido.
Cierto
es decir que todo lo que tengo
Nunca
lo tuve, nunca lo he tenido,
Me lo
has prestado desde donde vengo,
Y a
justa cuenta llegaré vencido.
¿Y en
esa noche negaré tres veces
No devolverte
lo que te es debido?
¿O
arrodillado rogaré con preces
Por
este pseudo-templo corrompido?
¿Te
pediré con aires de mendigo
Que
insufles, por limosna, nuevo aliento
Al
polvo, jurando que bendigo
Lo que
he dejado llevarse por el viento?
¿Cómo
será de náufrago mi suerte
Cuando
escuche el doblar de la campana
Y sea
arrimado a orillas de la muerte
Por la fatal marea cortesana?
Al
escuchar del mar extremo arrullo,
¿Comprenderé
por fin que todo es paja?
¿O
intentaré gritar con un murmullo
Que no
estoy pronto para la mortaja?
Que aún
no he terminado mi tarea,
Siquiera
aún la puedo divisar,
Porque,
falto de luz, no me clarea
Un
fuego que no pasa de un chispar.
Ah, la
vida tan dichosa de mi cuerpo,
Engaño
de un vivir tan desdichado,
Vivía —
en realidad ya estaba muerto —
Gritando:
¡Que me quiten lo bailado!
Y ahora
que se encierra la función,
Clamar,
cobardemente arrepentido,
¡Perdón,
piedad, Señor, ten compasión!
Es
ruego a la verdad de haber mentido.
Pues no
te amé como debía amarte,
Nunca
ayuné, ni quise penitencias,
Tu viva
gloria la mantuve aparte,
Centrándome
y ansiando consecuencias.
Tampoco
recé yo con voluntad
—Tartamudeé
la reza que enseñaste—,
Quise
ser libre sin hallar verdad,
Y peco
al acusar que me olvidaste.
Ese soy
yo, Dios mío, puro barro.
Al
barro ha de volver mi cuerpo tuyo,
Si mi
alma no se salva en el desgarro,
Mi ser
no ha de servir ni para yuyo.
Te
busco y huyo, y voy evaneciendo,
Porque
te busco, pienso: Te he encontrado,
Te
persigo, nada reteniendo,
Quiero
conquistarte sin ser conquistado.
Aunque
no sepa por qué me mantienes,
Le digo
al mundo que sé muchas cosas,
Pero en
verdad son tuyos esos bienes
Que intento
valorar entre mis prosas.
De mis
pecados no sé la medida,
Y si he
sanado alguno conocido,
Estoy
seguro que en tan corta vida
Sobrarán
miles que nunca he sabido.
Y todos
ellos sembrados en mi huerta,
Que mi intemperie
mantuvo en hibernada,
Vienen
al fin golpeándome la puerta,
Cobrándome
las deudas olvidadas,
Ya
quise perdonarme cierta vez,
Como si
fuera Tú, vil pretensión
De una
lombriz que a la boca del pez
Pudiera
argumentar cualquier razón
Si
algún bien hice es crédito en tu cuenta,
Lo que
dejé de hacer: débito mío,
El mal
que provoqué no se me ausenta,
Sigue
presente en el pesar tardío.
¿Cómo
he podido yo, razón criada,
No
someter mi juicio y voluntad,
Ante la
fe mil veces ofertada,
Y rechazar
mi propia libertad?
Nada me
debes, yo todo Te debo,
En su
deber el cuerpo se prosterna,
Mi alma
se desvela y yo concebo:
¡Solo
Tu Gracia hará mi vida eterna!
Nenhum comentário:
Postar um comentário