terça-feira, 3 de dezembro de 2013

MILONGA DE INVITACIÓN


Aquí me pongo a puntear
Al compás del sentimiento
Lo que me pide el momento
Cuando estoy a bordonear,
Me tengo que arrodillar,
Agradecerle a los cielos,
Y se me erizan los pelos
Porque a la Virgen María
Tantas rezas le debía
Y ella mantuvo el desvelo

Tendrá el hombre su consuelo
Siempre que le pida a Ella
Del extraviado es la estrella
Guía el cristiano en el suelo
Y al responder al apelo
Alumbra la oscuridad
Ofrece al alma piedad
Pero también le da fuerza
Y no hay nadie que lo ejerza
Con tanto amor y bondad.

Hago rancho en la humildad,
Sé que de nada soy menos,
Roñoso entre los buenos,
Nadita en la cantidad,
Pienso con sinceridad
Que aunque no sea un bendito
Al menos un puñadito
De lo que rezo me escucha
Y no me manda a la cucha
Como si fuera un perrito

Por eso es que yo acredito
Que mi oración no sea vana,
Lo sabe el alma cristiana,
Nos enseñó Jesucristo,
Mi alma bagual,  yo lo admito,
Se va amansando de a poco
Y si no es que me equivoco
En cuestión ya muy curiada,
La fe viene entreverada
Cuando uno cree que es bichoco.

Goteando así desemboco
Igual al agua corriente,
Bajando por la vertiente
Para rogar lo que invoco,
Y si mi lecho es muy poco
Como pequeña rivera,
Con otros, en juntadera,
Somos ríos que a la mar
Vamos a desembocar
Hecho un desagüe en carrera.

Por eso, amigo, quisiera,
Se junten nuestras plegarias,
De salida solitarias,
Pero, al llegar, compañeras,
Para buscar la lumbrera
En el calor de ese ruego
Y hacer de esa luz un fuego,
Llamarada de oración,
Acunada al corazón
En estos versos que entrego.

(Victor Madera)


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